viernes, 21 de diciembre de 2018

Cabrujas

A lo mejor nací cincuenta años antes de lo debido o cincuenta años después... O a lo mejor se me extravió el mundo.
En ocasiones veo el mapa de Australia, y digo Australia solo por hablarte de un lugar lejano, y pienso que allí debe existir otro como yo.
En alguna calle de Sidney, hay un narrador errático, un cantante tartamudo, un vendedor de soluciones, un alquimista de la moral.
Un australiano falsificador, un completo y absoluto mentiroso.
Yo me acerco a la gente con la intención de creer en ellos y cinco minutos después estoy explicándoles algo... casi como si me dieran pena, como si yo entendiera y ellos no, como si necesitaran mi ayuda y yo necesitara que entendieran.
La gente me ruboriza, y yo hago que se ruboricen, porque en lugar de hablar, respondo, grito, protesto y explico mientras reparto pedazos de las ideas que yo considero que son verdades de este mundo, lo hago con desdén pero con la única intención de que me entiendan. Y me provoca gritar: ¡qué mal viven!... ¡que mierda de vida viven! por no vivir un poco más o un poco menos.
¡Nadie me pide explicaciones!
¡Nadie se interesa por mis explicaciones!
Y yo pido perdón, (¿como se pide perdón?) sin saber muy por que lo hago, quizá por el simple pecado de estar aquí, y ser testigo de esta tontería.
Así pasó con ella... "¿Qué hacemos?" "¿Cuándo nos vamos?" "¿Cuándo vivimos?"
Y yo cerré los ojos.
Me vi en la calle donde vivía cuando era joven.
Con mis libros rotos en las manos.
Mis grandes esperanzas en los bolsillos.
Y una infinita seguridad de que había estado siempre equivocado.

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