martes, 3 de febrero de 2015

Después de los libros

Aquí, a la mayoría(o a muchos cuando menos) se nos crió bajo la misma idea:
"Estudia si quieres ser alguien en la vida"
Quizá te lo dijo tu mamá, tu papá o tu abuelito, el tío ingeniero o el padrino dueño de una zapateria, incluso aveces te lo decían personas que NUNCA ESTUDIARON y saben o sabían lo que era enfrentarse al mundo con ningún conocimiento más allá de el que aprendieran con el sudor, el sufrimiento y con las manos.
Así estudiamos, nos fajamos y nos fajamos como si esa regla aplicara, como si así funcionara el mundo de verdad, como si la realidad que nos esperaba al acabar la uni fuese la misma a la que se enfrentaron esas personas que nos contaron esas historias donde el esfuerzo y la recompensa eran equivalentes. Que era el mismo país de oportunidades que nos iba a recibir con las puertas abiertas.
Pero, no.
Crecimos y lo único que encontramos al final, cuando por fin levantamos la cabeza de los libros, fue una puerta cerrada con un cartelito hecho a mano que decía:
"Sorry bro, se acabo todo aquí, pero, si quieres, puedes hacer la cola por lo que queda en el estacionamiento de atrás"
Y aquí estamos todos juntos ahora, los del barrio y los de las villas, juntos en una interminable cola por las sobras de un país que se robaron hasta el hueso mucho antes de que pudiéramos hacer algo y cuyos restos no van a alcanzar para alimentarnos a todos.
Hoy, en un súbito momento de furia, me di cuenta que la única meta que tengo claramente definida en mis medianamente bien vividos veintidós años de vida, es que quiero, tengo y necesito ser alguien con la capacidad y los recursos para perderse para siempre de este país acabado.
Y no tienen idea de cuanto me duele eso.

jueves, 15 de enero de 2015

La casa de al lado

A un paso, no puedes ni quieres estar más cerca  de la felicidad que a un paso.

Si la felicidad fuera una casa y pudieras pagarla, no lo harías. Comprarías la que esta al lado, que cuesta el doble y es mas fea, Porque en el fondo no quieres vivir en la felicidad, quieres estar cerca de ella, verla por la ventana todos los días con tu café de la mañana, y fumar en las noches cerca de su puerta, contemplando siempre su belleza desde tu casa fea. Sentir que puedes tenerla y desecharla a placer.

Quizá algún día compres la casa, un día de invierno en el que no tengas más nada que hacer. Pero incluso entonces no pondrías un pie dentro de ella. Porque no eres así. La compraras para asegurarte que nadie más pueda comprarla y si algún día necesitas dinero, poder venderla. Porque la felicidad es para ti un objeto que solo tiene valor cuando no se posee y cuando nadie más lo tiene. Por eso quieres tenerla sin disfrutarla y sin que nadie más que tu pueda tener acceso a ella. Porque no sabes disfrutar la alegría ni sufrir la tristeza.

Y si algún día tu casa fea se quema, se derrumba, se hace pedazos y te encuentras sin hogar... aun así no entraras en la que también es tu casa, aun si por azar del destino es tu ultima opción ser feliz, aun así, vas a elegir no serlo. Vivirás en la calle antes que en la felicidad. Porque no tienes ni idea de como vivir siendo feliz y en el fondo eso ni siquiera te preocupa.

Porque no eres infeliz, eres feliz no siendo feliz, viviendo en la casa de al lado.