Aquí, a la mayoría(o a muchos cuando menos) se nos crió bajo la misma idea:
"Estudia si quieres ser alguien en la vida"
Quizá te lo dijo tu mamá, tu papá o tu abuelito, el tío ingeniero o el padrino dueño de una zapateria, incluso aveces te lo decían personas que NUNCA ESTUDIARON y saben o sabían lo que era enfrentarse al mundo con ningún conocimiento más allá de el que aprendieran con el sudor, el sufrimiento y con las manos.
Así estudiamos, nos fajamos y nos fajamos como si esa regla aplicara, como si así funcionara el mundo de verdad, como si la realidad que nos esperaba al acabar la uni fuese la misma a la que se enfrentaron esas personas que nos contaron esas historias donde el esfuerzo y la recompensa eran equivalentes. Que era el mismo país de oportunidades que nos iba a recibir con las puertas abiertas.
Pero, no.
Crecimos y lo único que encontramos al final, cuando por fin levantamos la cabeza de los libros, fue una puerta cerrada con un cartelito hecho a mano que decía:
"Sorry bro, se acabo todo aquí, pero, si quieres, puedes hacer la cola por lo que queda en el estacionamiento de atrás"
Y aquí estamos todos juntos ahora, los del barrio y los de las villas, juntos en una interminable cola por las sobras de un país que se robaron hasta el hueso mucho antes de que pudiéramos hacer algo y cuyos restos no van a alcanzar para alimentarnos a todos.
Hoy, en un súbito momento de furia, me di cuenta que la única meta que tengo claramente definida en mis medianamente bien vividos veintidós años de vida, es que quiero, tengo y necesito ser alguien con la capacidad y los recursos para perderse para siempre de este país acabado.
Y no tienen idea de cuanto me duele eso.